Me topé el otro día con este libro en internet, como me topo con todo lo bueno, y creo que me cambió un poquito. La verdad es que los libros buenos siempre cambian algo en tu manera de ver la vida. Si no, no los leeríamos. Y como no podría soportar guardarme esta sensación tan refrescante para mí sola, esta pequeña evolución como persona y como lectora, voy a intentar convenceros de que vayáis a conseguir este libro y leáis y leáis hasta que entendáis de que estoy hablando.

Me recuerda a otras autoras en cuanto a temática, Caitlin Moran, que vivía con sus siete hermanos en una casa de protección oficial, o Chimamanda Gnozie Adichie, una autora nigeriana que estuvo estudiando en Estados Unidos, excepto que no me las recuerda para nada. Sandra Cisneros iba en serio con eso de encontrar su propia voz, tan enserio que leyéndola tengo la sensación de que es diferente a todo lo que había visto antes.
La novela está formada por unos cuantos relatos sobre la vida de Esperanza, una niña que vive con su familia en una casa en Mango Street, y sobre la gente que tiene alrededor. Algunos duran una página, pero ninguno llega a las cinco. Algunos hablan sobre su nombre, sobre su pelo, sobre que quiere quedarse a comer al comedor escolar, pero otros hablan sobre la pobreza, sobre la violencia de género, sobre la violación. Y todos los temas vistos desde la ternura de una chica que va creciendo pero que siempre sigue siendo la misma niña muerta de ganas por salir de allí y por tener una casa de verdad. Pero que, por mucho que salga y por mucho que tenga una vida mejor, siempre pertenecerá en el fondo a Mango Street. Siempre recordará de dónde viene y no dejará atrás a la gente que sigue allí, a los que no pueden salir por sí mismos.

Espero que lo disfrutéis y, bueno, dadle recuerdos a Esperanza de mi parte.
"Her mother raised her kids alone and it looks like her daughters will go that wa too. Minerva cries because her luck is unlucky. Every night and every day. And prays. But when the kids are asleep after she's fed them their pancake dinner, she writes poems on little pieces of paper that she holds over and over an hods in her hands a long time, little pieces of paper that smell like dime."
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